domingo, 5 de septiembre de 2010

Cero Riesgos

Cada día tenemos más medios para comunicarnos unos con otros y menos cosas qué decirnos. Teléfonos, celulares, redes sociales, correo electrónico, mensajitos de texto, chat. Nos ofrecen inmediatez: una celeridad engañosa que nos hace creer que estamos cerca unos de otros. Que nuestros amigos de ultramar se encuentran a la distancia de un click. Pero, ¿en realidad lo están? Intercambiamos emociones virtuales y nos vamos volviendo incapaces de intercambiar emociones reales.


Claro que es entretenido ver las fotitas de todos, saber qué están haciendo y cómo dicen sentirse cada día. Unirnos a nobles causas a lo largo del planeta por las cuales, sin embargo, nunca haremos algo concreto. Ah, y buscar amigos en todos los países del mundo para sentirnos cosmopolitas, por supuesto. Buscamos y encontramos con la apacible certeza de que ningún ser humano de carne y hueso se va a plantar delante de nosotros y, más aún, con la inefable tranquilidad de tener el poder de dar por concluida la "relación virtual", unilateralmente y sin explicaciones.


De tal suerte, se envían y reciben diariamente millones de regalitos virtuales y se pronuncian incontables palabras de amor que jamás se dirán de frente. tragos virtuales que no embriagan, flores virtuales que no huelen, frías tazas de café que no despierta, abrazos y besos que -incluso- nos hacen sentir acompañados y a salvo.


¿Acompañados y a salvo? Valiente compñía la que podemos tener sentados como pendejos delante de la computadora por largas horas creyendo que conocemos gente que bien puede estar dándonos la baboseada más cibernética de la historia. Gente que, tan sola como nosotros, está delante de su monitor creyéndose el cuentito del boom de la comunicación global. Y ¿a salvo? ¿A salvo de qué? De quemarnos la boca con un café, de estornudar con el polen de una flor, de querer a alguien y abrazarle con toda la anchura que permitan nuestros brazos: A salvo de vivir.


Estamos dejando de corer riesgos. Creo que comienzo a preocuparme.





1 comentario:

  1. Ouch!!!! Es cierto. Parece que es más facil relacionarse con perfectos desconocidos que, seguramente, nunca vamos a ver, que con quienes conviven cerca de nosotros.

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